“República de Altamira”: bodegas chicas plantan la bandera en contra de la “comoditización” del vino

Productores independientes acaban de lanzar una asociación, por ahora informal, para difundir y defender la particularidad de los vinos de esa zona

Por Juan Diego Wasilevsky - Editor Vinos & Bodegas iProfesional

PARAJE-ALTAMIRA

Así como hace unos años Gualtallary estaba en boca de todos, ahora es el turno de Altamira, el gran hotspot de la vitivinicultura local.

A fuerza de interesantes vinos, dominados por la elegancia y por ser ejemplares extremadamente bebibles, Altamira cada fue ganando más y más terreno en la preferencia de sommeliers y críticos internacionales.

Y los consumidores, que son quienes en definitiva permiten consolidar o no una zona, respondieron positivamente.

Altamira –emplazado dentro del distrito de La Consulta, en el Valle de Uco- es un cono aluvional del río Tunuyán extremadamente codiciado, en el que un grupo de productores independientes defienden sus fronteras naturales. Esos límites naturales, aseguran son los que le dan identidad a los vinos que allí se generan.

Como contrapartida, otras bodegas, en general pertenecientes a grandes grupos, están presionando para ampliar los alcances de Altamira y así incluir sus viñedos bajo este codiciado paraguas.

Incluso, hay otra agrupación de empresas que, en paralelo a esta puja por la superficie, busca imponer el concepto “Zona Agrícola Altamira”, que no sólo incluiría a la actividad vitivinícola, sino también a diferentes producciones furutícolas que hay en la zona.

En medio de esta controversia, pequeñas bodegas de la zona –la excepción es Altos Las Hormigas- , acaban de lanzar una asociación, por ahora de carácter informal, denominada Productores Independientes de Paraje Altamira (PIPA).

La misma está conformada por once establecimientos: Chakana, Teho, Finca Suárez, Lupa, SonVida, Traslapiedra, Fincas Adrián Río, Finca Beth, Finca La Igriega y Finca Las Glicinas, además de Altos Las Hormigas.

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En diálogo con Vinos & Bodegas, Juanfa Suárez, uno de los impulsores del proyecto PIPA, explicó que “desde Finca Suárez, junto con los chicos de Traslapiedra, fuimos los que empezamos con esta idea y somos los que estamos motorizando fuerte en el comienzo”.

“La única manera de llevar Paraje Altamira a lo más alto es trabajando juntos, generando una consistencia durante el tiempo”, afirmó.

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“El gran objetivo es que en el futuro los consumidores pidan ´un Altamira´ y sepan qué tipo de vino esperar en la botella. Ninguna región vitivinícola importante del mundo fue reconocida por un productor suelto”, completó.

Desde Finca Beth -que produce el vino 2Km-, su propietario, Enrique Sack coincidió en resaltar la importancia de la asociatividad, porque “nos permite llegar con más fuerza al mercado, algo que individualmente es mucho más difícil”.

De hecho, recientemente realizaron su primera feria en Buenos Aires, lo que les permitió entrar en contacto con consumidores. “Esto es clave para que se vaya aprendiendo cada vez más lo que es Altamira”, completó Sack.

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Plantando bandera
Por su parte, Juan Pelizzatti, presidente de Chakana, hizo hincapié en los dos objetivos fundamentales del proyecto PIPA: por un lado, coincidió en resaltar un aspecto fundamental como “la difusión y valorización de los vinos de Paraje Altamira”.

Por otro, destacó una finalidad ambiciosa: contraponerse “a la tendencia irremediable que está arrastrando a la industria del vino en la Argentina, que avanza hacia la concentración y comoditización”.

El bodeguero fue más allá y destacó que “mientras los productores dominantes multiplican con fines comerciales marcas de fantasía sin origen, con vinos sobremaderizados y saturados de azúcar residual, PIPA se propone rescatar al productor que vive en el lugar, cultiva su viñedo, hace su vino y personalmente sale a venderlo a los distribuidores y consumidores”.

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“El productor independiente es un fenómeno social fundamental de la industria del vino que debemos rescatar para poder mantener originalidad y el sentido más profundo del vino como producto cultural y evitar que se transforme en un commodity, como la cerveza”, acotó.

Juanfa Suárez se sumó a la idea de defender una identidad. Incluso, fue un paso más allá al asegurar que el gran objetivo de PIPA es el de “garantizar nuestra supervivencia en este territorio“.

“Mi familia está desde hace 100 años en Altamira. Tenemos un gran sentido de pertenencia y compromiso con el lugar. El deseo de supervivencia es muy primitivo, atraviesa las generaciones y pareciera que está en nuestro ADN”, concluyó, levantando en alto la bandera de lo que es la nueva “República de Altamira”, dominada por pequeños productores que vienen trabajando en pos de lograr consistencia y ganar mayor  visibilidad ante el consumidor.

© Por Juan Diego Wasilevsky
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