Mensaje en una botella: Alta Vista relata sus 20 años de historia a través de su vino ícono

La bodega de capitales franceses celebró sus dos décadas mostrando pasado, presente y futuro de la mano de Alto, su blend tinto tope de gama

Por Juan Diego Wasilevsky - Editor Vinos & Bodegas iProfesional

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Nueve copas por catador, una gran mesa larga, la humedad propia de una cava subterránea y una historia joven pero intensa por contar.

Ese fue el marco de la degustación organizada por Bodega Alta Vista, que decidió celebrar sus dos décadas de trabajo en el país con una cata vertical de nueve cosechas de Ato, su vino insignia que refleja la comunión de la Argentina y Francia a través de dos variedades fundamentales como Malbec y Cabernet Sauvignon.

Patrick d´Aulan, que tiene tras sus espaldas 250 años de tradición vitivinícola familiar, se ubicó en el centro de esa gran mesa, secundado por el ingeniero agrónomo Juan Argerich; Didier Debono, jefe de enología y Pamela Alfonso, directora de producción de la bodega.

“Hace muchos años vine a la Argentina, donde había vivido un tiempo mi padre y me encontré con Argerich, que puso delante de mí unas copas muy finas, de un excelente cristal, y me sirvió lo que yo creí que era un excelente champagne. La sorpresa llegó cuando me dijo que lo que estaba bebiendo era un espumoso que había elaborado él con mi padre, acá en Mendoza”, relató D´Aulan, antes de iniciar la vertical que permitió recorrer diferentes cosechas de alto, desde la añada 1998 hasta la última, la 2011).

Con esa anécdota, cargada de sentimientos, el fundador de Alta Vista dejó en claro la ligazón natural que tiene hoy con la provincia y con la Argentina. Pero también, sirvió para sintetizar por qué vio en esta provincia un terroir de clase mundial para la elaboración de vinos de alta gama.

Alta Vista es la esencia del assemblage de dos culturas: la francesa y la argentina. Y Alto es para nosotros un vino único, fruto de la unión de dos cepas emblemáticas, como el Malbec y el Cabernet Sauvignon, que resume lo que para nosotros es ese arte”, afirmó D´Aulan.

Acto seguido, el bodeguero propuso “descubrir la evolución que tuvo este vino desde su infancia, en el año 1998, pasando por su adolescencia, que transcurrió entre 2006 y 2007, hasta llegar a su período de madurez, como es el caso de las últimas añadas”.

“Con este vino no buscamos la aprobación del consumidor, lo que buscamos fue elaborar un ejemplar que nos diera placer. Y para nosotros fue un logro importante haber podido alumbrar un blend de estas características”, agregó, para luego aclarar que la idea de una cata vertical “no es tanto ver el pasado sino tratar de proyectar el futuro”. 


Cabe destacar que en todas las añadas de Alto, la mayor proporción es Malbec, cuyo porcentaje puede variar dependiendo de la cosecha. Lo interesante es que las uvas elegidas para este blend de alta gama provienen de un viñedo prefiloxérico, que data de 1927, ubicado en Las Compuertas, Luján de Cuyo, mientras que el Cabernet Sauvignon elegido es de una finca emplazada en El Cepillo, Valle de Uco. 

Así, Alto es un corte que, añada tras añada, sirve para revalorizar a Luján de Cuyo como cuna de los grandes Malbec argentinos. No sólo eso: a través de la cata guiada quedó en claro cómo el debate sobre si esta cepa tiene hándicap para tolerar grandes períodos de guarda quedó totalmente obsoleto.

Apoyado en la columna que ofrece el Cabernet Sauvignon, el Malbec de Luján de Cuyo demuestra hoy con solvencia cómo a lo largo de dos décadas es un vino que se mantiene brioso, vibrante y que puede ganar en elegancia. Y, muy importante, cómo todavía le queda mucho resto para seguir evolucionando y ganando en sofisticación y elegancia.

“Es impactante ver que añadas como la de 1998 todavía mantienen la frescura”, resumió D´Aulan.

A continuación, una selección de las añadas más destacadas y que todavía están a la venta, bajo el análisis de Vinos & Bodegas iProfesional. 

Alto 1998: comienza la historia 

Según relataron sus hacedores, este vino -que contribuyó a posicionar a Mendoza en el plano internacional, antes de que se diera el boom exportador de bodegas argentinas-, tiene el mérito de haber sido elaborado en un año climatológicamente adverso.

“Fue una vendimia atípica, muy lluviosa a causa del Niño. Mendoza no alumbró grandes vinos, pero la cultura francesa, que sabe trabajar con humedad, permitió lograr un primer vino de calidad. Casi todos se apuraron a cosechar pero nosotros no. Y eso marcó la diferencia”, relató Debono.

“La potencialidad de la vendimia era atroz. Por eso me saco el sombrero por lo que se logró con este vino”, agregó Alfonso.

Vinos & Bodegas se encontró en la copa con un vino absolutamente vivo, expresivo, complejo y elegante. Muestra un juego entre la confitura, sin rasgos invasivos de evolución, ni siquiera una punta licorosa. Hay un suave toque especiado y un dejo a hojas de tomate que refuerzan su frescura. En boca se luce con taninos bien firmes, texturados, de soberbio carácter. Tiene músculo pero no es un fisicoculturista, tampoco un vino gordo ni pesado. Hay una firmeza de carácter sutil. Sus vestigios de astringencia y su nivel de acidez permiten que viva un buen presente y siga teniendo futuro. Se consigue a un precio sugerido de $4.600. 

Alto 2005: la consolidación 

Según Debono, “a partir de esta añada buscamos más frescura, más equilibrio“.

Desde la bodega resaltaron que la campaña 2005 “se caracterizó por ser la más fresca de las dos décadas. La brotación comenzó en una primavera fría; el envero fue homogéneo y temprano en un enero atípico por las bajas temperaturas de sus noches. Todo el ciclo de la vid sucedió bajo un clima muy amable”.

Si bien a lo largo de las añadas se puede observar mucha coherencia estilística, sin grandes golpes de timón, la añada 2005 sí permite observar un levísimo punto de inflexión, con una búsqueda de mayor sutileza y elegancia. Las capas de aromas son sobrias, están muy bien ensambladas, destacándose las frutas rojas y negras de tenue madurez; hay suaves especias dulces pero que no gritan madera, sumado al siempre presente especiado. En boca es amplio y envolvente. Y si bien no renuncia a la firmeza de sus taninos, sí están un escalón más abajo en concentración, lo que refuerza esa elegancia. Se consigue a un precio sugerido de $3.000. 

Alto 2006: la continuidad 

El enólogo de Alta Vista detalló que se trató de un año con muy buenas temperaturas y excelente amplitud térmica durante buena parte del ciclo. Sólo hacia el final avanzó un verano más caluroso y seco que, a partir de un buen manejo en el viñedo, permitió lograr una de las mejores añadas. 

El resultado es un vino con frutas rojas y negras de notable madurez, sumado a notas de té rojo y un colchón de especias bien marcado. El aporte de la madera mantiene el mismo concepto estilístico, con una presencia que apenas se sugiere en nariz. En boca es un vino en el que se refuerza la apuesta por el equilibrio. Se mantiene la columna vertebral firme y sus taninos marcan presencia, pero hay pleno balance entre concentración, estructura y acidez. Tiene un precio sugerido en vinotecas de $2.760. 

2011: presente y futuro 

Desde la bodega detallaron que esta vendimia se caracterizó por una helada inicial, seguida por tiempo fresco y un verano lluvioso. Sin embargo, luego las lluvias cesaron y se dio un “intercambio perfecto de días soleados y nubes aisladas”.

Lo interesante es que, mientras las primeras cosechas muestran su costado más “bravo” y desafiante, esta añada luce un perfil más dócil. Su paleta sigue manteniendo el hilo conductor, pero con una fruta roja mucho más presente, apalancada sobre ese marcado abanico de especias. Pese a su “juventud“, es un vino en el que la madera ya está bastante bien integrada. En boca se muestra sucroso y con buena jugosidad, sumado a una acidez que está un escalón más arriba, lo que le aporta total frescura y agilidad, sin resignar un centímetro de elegancia. Se consigue a un precio sugerido de $2.300 

Esa oleosidad, percibida desde la primera vendimia, es la que, según Alfonso, “buscamos en Las Compuertas. No hemos encontrado otra zona que nos aporte el mismo nivel de graso. La clave es cosechar en los momentos indicados para lograr ese perfil pero en un punto en el que también nos permita conservar la acidez”.

En los últimos años, la bodega siguió puliendo el estilo, con sutiles cambios. Como el hecho de estar cosechando en diferentes etapas, para buscar diferentes niveles de madurez y frecura, o introducir barricas de 600 litros, para hacer más sutil el aporte de la madera.

Pero, como se dijo anteriormente, siempre manteniendo el rumbo. El mismo que  hoy le permite celebrar veinte años de trayectoria.

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